Crianza en Crisis: 5 razones por las que la crianza moderna está en crisis.

Reflexiones de una Niñera Británica: “La Crianza está en Crisis”

En general, soy una mujer bastante optimista. Tiendo a creer que todo va a salir bien, a menos que las pruebas indiquen absolutamente lo contrario; cualquiera que me conozca bien te dirá que no soy de dramatizar. Este es el motivo por el que cuando afirmo que la crianza moderna se encuentra en apuros, en crisis incluso, espero que me oigan, y que me oigan bien. He trabajado con niños y padres en dos continentes y durante dos décadas, y lo que he visto en los últimos años me mantiene alarmada. Estos son los problemas mas grandes que veo:

1 – Tenemos miedo a nuestros hijos

Suelo hacer una prueba durante las mañanas en la que veo cómo un padre da el desayuno a su hijo. Si el niño dice: “¡Quiero la taza roja, no la azul!” aunque la madre ya haya echado la leche en la azul, trato de observar con cuidado la reacción de la madre. La mayoría de las veces, se pone pálida y vierte el contenido en la taza que el niño prefiere con tal de que no le dé un berrinche. ¡Error! ¿De qué tenéis miedo? ¿Quién manda de los dos? Deja que llore si así lo desea, y vete de ahí para no escuchar el llanto. Pero, por favor, no trabajes de más sólo para compensar al niño. Y, lo más importante, piensa en la lección que le estás enseñando si le das todo lo que quiere sólo por largarse a lloriquear.

2 – Hemos perdido las costumbres de crianza de pueblo

Antes, los conductores de autobuses, los tenderos, los maestros y otros padres solían tener carta blanca para corregir a un niño maleducado. Actuaban como ojos y oídos de la mamá y el papá si los niños se encontraban fuera de su vista, y todos colaboraba por un interés común: criar de manera adecuada a niños y niñas. Todo el pueblo se volcaba. En la actualidad, si a una persona que no es padre del niño en cuestión se le ocurre regañarlo, a los padres no les hace nada de gracia. Quieren que su hijo parezca el chico perfecto, y por eso no aceptan que los maestros u otras personas digan lo contrario. Se alzarán en cólera e irán a hablar con el profesor antes que con su hijo por haberse comportado mal en clase. Sienten la necesidad de proyectar una imagen perfecta al mundo y, por desgracia, su inseguridad se ve reforzada porque una gran cantidad de padres se juzgan entre sí. Si un niño se pone a berrear, todas las cabezas girarán hacia la madre con una mirada reprobadora. En cambio, debería ser respaldada, porque hay muchas posibilidades de que el berrinche haya ocurrido por no haber cedido ante alguna de las exigencias de su niño. Más bien, esos observadores deberían decirle: “Buen trabajo. Sé lo difícil que es poner límites”.

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3 – Hemos bajado mucho el listón

Cuando los pequeños se comportan mal, ya sea en público o en privado, los padres suelen encogerse de hombros como diciendo: “Así son los niños”. Te aseguro que no tiene por qué ser así. Los niños son capaces de mucho más de lo que los padres usualmente esperan de ellos, en cuanto a sus modales, al respeto por los adultos, las tareas diarias, el autocontrol o la generosidad. ¿Crees que un niño no puede quedarse quieto y sentado durante la cena en un restaurante? Nada de eso. ¿Crees que un niño no puede ser capaz de quitar la mesa sin la necesidad de pedírselo? De nuevo, no es así. La única razón por la que no se portan bien es porque no les has demostrado cómo hacerlo y porque no estás esperando que lo hagan. Así de simple. Pon el listón más alto en su crianza y tu hijo sabrá cómo debe comportarse.

4 – Los padres ponen sus necesidades por debajo de las de sus hijos

Como es natural, los padres tienden a cuidar de sus hijos en primer lugar, y esto es positivo para la evolución. Yo defiendo la idea de crear un horario que se ajuste a las necesidades del niño, y que la alimentación y la ropa del niño sean prioritarias. Sin embargo, los padres de la actualidad han ido demasiado lejos, sometiendo sus propias necesidades y salud mental a las de sus hijos. Cada vez con más frecuencia veo a madres que se levantan de la cama a cada rato para satisfacer los caprichos del niño. O a padres que lo dejan todo y se recorren el zoológico de punta a punta y a toda prisa para comprarle a la niña un refresco porque tiene sed. No pasa nada por no levantarte en mitad de la noche para darle un vaso de agua a tu hijo. No pasa nada si el papá en el zoo dice: “Claro que vas a poder beber agua, pero vamos a tener que esperar hasta alcanzar la próxima fuente”. No pasa nada por utilizar la palabra no de vez en cuando en su crianza, ni hay nada malo en reclamarle a tu hijo que se entretenga solo unos minutos porque mamá quiere utilizar el baño en privado u hojear una revista.

5 – Confiamos demasiado en los atajos

Veo maravilloso que los padres posean todo tipo de aparatos electrónicos para entretenerse en un vuelo o en la sala de espera del médico. También es fabuloso que podamos encargar nuestra compra online, y que podamos calentar comida saludable a golpe de microondas. Los padres están más ocupados que nunca, y estoy absolutamente a favor de tomar el camino sencillo siempre que sea necesario. Pero los atajos también pueden transformarse en una pendiente resbaladiza. Cuando descubres lo bien que Caillou puede entretener al niño en un avión, que no te tiente la idea de ponerle los dibujos en un restaurante. Los niños también deben en su crianza aprender a tener paciencia. Tienen que aprender a distraerse ellos solos. Tienen que aprender que no toda la comida va a estar caliente por siempre y lista en unos pocos minutos y, si es posible, también tienen que aprender a colaborar en la cocina. Los bebés deben aprender a tranquilizarse solos; no hay que sentarlos en una silla vibradora cada vez que se muestren quisquillosos. Los niños tienen que aprender a erguirse cuando se caen, en vez de subir los brazos para que mamá y papá los levanten. Enseña a los niños que los atajos pueden ser de ayuda, pero que resulta mucho más satisfactorio hacer las cosas por la vía lenta.

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Temo que si no comenzamos a corregir, y pronto, estos cinco errores de gran gravedad, los niños que estamos criando crecerán y se transformarán en adultos egoístas, impacientes, arrogantes y maleducados. No será su culpa, sino la nuestra. No les hemos enseñado otra cosa, nunca hemos esperado nada más de ellos. Nunca quisimos que se sintieran incómodos y, cuando es inevitable que sientan alguna molestia, no se ven preparados para ello. Por tanto, ruego por favor a todos los padres y cuidadores del mundo que exijan más a los niños. Que comiencen a esperar más de ellos. Que les hagan partícipes de sus batallas. Que les den menos. Que les pongan rectos y que, juntos, les preparemos para que logren el éxito en el mundo real, y no en el mundo protegido que hemos creado para ellos.

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